Se dice que una vez los seres de las
tinieblas trataron de buscar un lugar donde esconder la felicidad para
que los seres humanos no pudieran alcanzarla. Uno de los demonios
sugirió “vamos a esconder la felicidad en el centro de la Tierra, en el
medio del planeta, allí bien oculta y enterrada”, pero el Jefe de los
Demonios le dijo “¡No, el Hombre es muy inteligente y osado, un día
podrá llegar al centro de la Tierra y descubrirla, busquemos otro sitio!”.
Otro demonio sugirió “Vamos a esconder la felicidad en una estrella muy
lejana, donde nunca pueda ir”. “¡No!” contestó nuevamente el Jefe... “El
Hombre es aventurero y quizás en un futuro encuentre la forma de viajar
por el espacio y llegue a esa estrella, busquemos otro sitio donde no
pueda encontrarla!”.
Finalmente, después de intentarlo todo, uno de los Demonios dijo “¡Ya sé
donde podremos esconder la felicidad... Dentro del Hombre mismo!” “¡Allí
no se le ocurrirá buscarla!”..
Y desde entonces se dice que el Ser Humano está buscando la felicidad en
todas partes, y nunca la encuentra porque trata de hallarla fuera de él
mismo cuando está dentro de su corazón.
Lo anterior podría parecer una simple fábula, pero si lo analizamos
adecuadamente nos damos cuenta que la mayoría de la humanidad se pasa la
vida buscando una felicidad que siempre existe en el FUTURO y FUERA de
cada cual, perdiendo tristemente su vida al no vivir el presente y no
ver dentro de uno mismo todas las grandes posibilidades que existen para
avanzar en la vida y ser un mejor ser humano.
Dios, amigos míos, no está en un cielo ficticio que no está arriba
porque arriba de nosotros o abajo lo que hay es Cosmos, Universos,
Espacios. Dios está en el corazón de cada uno de nosotros, allí, en el
Ser Interno, en el Supremo Atman, donde está el Reino de los Cielos como
el mismo Jesús contestó cuando le preguntaron (“Dijo Jesús... El Reino
de los cielos DENTRO de vosotros está”) y el Iluminado Buda nos enseñó
para poder alcanzar el Nibbana o Nirvana.
A través de la Meditación nos podemos poner en contacto con ese Ser
Interno y al mismo tiempo expandir nuestra conciencia y elevarnos dentro
de la evolución.
Proponte a partir de hoy dedicar aunque sea cinco minutos al día a
cerrar tus ojos, respirar lentamente por la nariz, expulsar por la boca
y no pensar en otra cosa que no sea la respiración, en un sitio
tranquilo donde puedas alejarte de todas las preocupaciones cotidianas y
buscar la felicidad dentro de ti mismo.